Aviación espirituana con la brújula de los fundadores

Aviación espirituana con la brújula de los fundadores (ES)

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Un grupo de trabajadores con más de 50 años dedicados a la aviación agrícola se vuelve una fuerza necesaria para la continuidad de los servicios aéreos que se brindan desde el aeropuerto de Sancti Spíritus.

Un grupo de siete trabajadores de la Empresa Nacional de Servicios Aéreos de Sancti Spíritus acumula más de 57 años de experiencia ininterrumpida en el sector, convirtiéndose en un pilar fundamental para la aviación agrícola en el territorio. Su dedicación ha garantizado la continuidad de las operaciones aéreas destinadas a la alimentación y el turismo, así como la formación de nuevas generaciones de aviadores.

Omar Lorenzo Ríos, jefe del Departamento Técnico del Aeropuerto Espirituano y voz autorizada del colectivo, rememora los inicios de esta historia, que se remonta a 1968.

“Éramos un grupo de jóvenes de 16 y 17 años que, por orientación de la juventud nacional, fuimos a estudiar aviación a La Habana. Tras un año de preparación, ingresamos en la aviación de Sancti Spíritus. De aquel grupo inicial, quedamos siete”, explica.

El primer día de trabajo quedó marcado para siempre en su memoria: el 13 de agosto, fecha del cumpleaños del Comandante Fidel Castro. “Esa fecha nunca se nos ha olvidado. Empezamos siendo unos muchachos y hoy, en el centenario de su natalicio, seguimos aquí”, añade.

A pesar del paso de los años y de los cambios tecnológicos, la motivación del grupo se mantiene intacta. “Nos gusta la aviación y somos conscientes de la necesidad del país de mantener este servicio, fundamental para la alimentación y el turismo, especialmente en las labores de fumigación”, señala Lorenzo Ríos.

El camino no ha estado exento de desafíos. La complejidad del sector y la rigurosidad de los procesos han exigido un esfuerzo constante. “Si no fuera por el trabajo de los analistas y de nosotros, la aviación aquí se habría parado”, asegura.

Pero quizás el mayor legado de estos siete hombres sea la transmisión de sus conocimientos a los más jóvenes. “Hemos preparado a un grupo de compañeros que han pasado por aquí, explicándoles todo lo que sabemos para que ellos puedan seguir adelante y la aviación no se detenga. Algunos nos ven como padres, y eso nos enorgullece mucho”, confiesa.

La permanencia de estos trabajadores durante más de cinco décadas no es solo una hazaña personal, sino un patrimonio colectivo para la aviación civil en Cuba. “Nos preguntan a veces cuántos años tenemos: 57 años, toda una vida. Y seguiremos adelante, luchando junto a nuestros compañeros y las juventudes que vengan”, concluye Omar Lorenzo Ríos.

Estos siete hombres representan la memoria viva de la aviación agrícola espirituana, un ejemplo de constancia, entrega y pasión por un oficio que ha marcado sus vidas y contribuido al desarrollo del país.

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