RETRATOS: Del baloncesto a la electrónica

A Ariel González Rodríguez la nobleza le sale por el rostro. Y cuando uno escucha el amor con que habla de su mamá, del hijo y de la esposa, no tiene dudas de que tiene ante sí a un ser humano extraordinario.

  “Soy de La Habana, del municipio Cerro, y de niño practicaba mucho deporte, sobre todo, baloncesto. Fui del equipo municipal y llegamos a participar en los juegos escolares a nivel provincial y cogimos el segundo lugar”, apunta y añade que era bueno en ese deporte. “Pero Gladys, mi madre, no quiso que me becara en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) y ahí se acabó la carrera”.

Él siguió enfrascado en los estudios. “Opté por técnico de nivel medio en Electrónica y en el 2002 comencé en el Instituto Tecnológico Osvaldo Herrera, hasta que me gradué en el 2006. Ahí hice prácticas en uno de los talleres de SERVIHOGAR, y me especialicé en el arreglo de grabadoras. Tuve en ese centro un tutor excepcional, Tony Veloz, ingeniero en electrónica, quien me enseñó mucho”.

Cuenta que antes de terminar el curso, compañeros del Centro Nacional para la Producción de Animales de Laboratorio (CENPALAB) visitaron el instituto con el objetivo de captar jóvenes para trabajar con los sistemas de gestión de control de flotas. “Yo acepté y allí nos adiestraron en el manejo de la técnica. Esa fue una época muy bonita, conocimos las características del Polo Científico e interactuamos con los científicos, que son personas sencillas”.

Recuerda que en esa etapa hacían actividades en las que todos compartían, además de recibir un buen salario, con el cual pudo ayudar a su mamá y reciprocarle todo lo que ella hizo por él.

El joven valora su primera experiencia laboral como magnífica. “Aprendí mucho, en verdad, me hice hombre. El CENPALAB me cambió la vida. Ahí estuve hasta el 2012, cuando comencé en la unidad empresarial de base Occidente, perteneciente a la empresa de Comunicaciones y Electrónica (GCOM).

Casi un veterano

Con 34 años de edad, Ariel asegura que en este centro laboral inició una nueva etapa en su vida. Especialista en los sistemas de gestión de control de flotas, afirma que este instrumento es una herramienta muy útil y no siempre los directivos emplean toda la información que brinda. “Por lo general solo se analiza el control del combustible; sin embargo, otros elementos como velocidad y optimización de los recorridos no todos lo toman en cuenta”.

Con experiencia acumulada en esa tarea, el joven no ha dudado en compartir sus conocimientos con los nuevos colegas que se incorporan al equipo de la empresa.

Dice que, en su tiempo libre, sigue realizando deportes. “Estoy en un club de veteranos y jugamos en una cancha en Alamar. También practico pelota y fútbol, me ejercito para no caer en el sedentarismo”.

Habla con cariño de su esposa y de Christofer Lucas, el pequeño que tantas alegrías les proporciona. Cuando le pregunto si vislumbra en el niño un futuro deportista, alega que al parecer le gusta la música y sin dudas, será lo que él desee.

A las puertas del aniversario XX de la empresa GCOM, el venidero 17 de junio, Ariel es un ejemplo de la profesionalidad que existe en esa entidad, integrada al Grupo Empresarial de Servicios de Transporte Automotor (GEA). Él todos los días está dispuesto a probar que la calidad en el servicio es un bien de altos quilates.

Autor(es): 
Periódico Trabajadores
Fecha: 
21/06/2022
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Noticia del Transporte: 

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